Capítulo 4
IA indígena y arte en el contexto latinoamericano
Thea Pitman
De manera similar a los esfuerzos realizados por quienes trabajan en el sector de la ‘IA para el bien común’ para determinar cómo las tecnologías de IA podrían ayudar a las comunidades nativas americanas, de las primeras naciones, aborígenes, Inuit y/o Maoríes, el interés inicial de organismos como la UNESCO por las implicaciones de la IA para los pueblos indígenas de América Latina y el Caribe ha tendido a centrarse, en primer lugar, en cuestiones éticas relacionadas con el aumento de las desigualdades. Esto se debe al acceso desigual y a la falta de conocimientos sobre las tecnologías en cuestión, a los peligros del sesgo algorítmico (que abarca tanto el sesgo en los propios algoritmos como en los conjuntos de datos utilizados) y al impacto en la soberanía de los datos indígenas cuando las herramientas de IA se utilizan para potenciar las prácticas extractivistas del norte global. A continuación, han identificado una serie de aplicaciones prácticas como el uso de la IA para la revitalización de las lenguas indígenas, para la documentación y conservación del patrimonio cultural y, de forma algo irónica dado el ya conocido coste medioambiental de las tecnologías de IA (véase Crawford, 2021), para abordar retos globales como la gestión medioambiental. Véase, por ejemplo, el ‘informe técnico interactivo’ del grupo ya disuelto IVOW (Intelligent Voices of Wisdom [Voces inteligentes de sabiduría]) titulado Bringing Cultural Context to Artificial Intelligence [Incorporar el contexto cultural a la inteligencia artificial] (2020) y el informe de la UNESCO de Luz Elena González Zepeda y Cristina Elena Martínez Pinto, Inteligencia Artificial centrada en los Pueblos Indígenas: Perspectivas desde América Latina y el Caribe (2023), como ejemplos destacados de esta tendencia.[1] Sin embargo, ninguno de estos informes abarca el periodo transcurrido desde que las herramientas de IA generativa se pusieron a disposición del público.
La cobertura más reciente de este tema por parte del productor de radio indígena Anápuàka Tupinambá Hãhãhãe sigue, en general, una línea similar, actualizada para abarcar las aplicaciones de la IA generativa. En un artículo (Tupinambá Hãhãhãe 2023), el autor comienza esbozando cuestiones como el acceso desigual, el peligro de pérdida de control y/o soberanía sobre los conocimientos indígenas debido al extractivismo de datos y la apropiación cultural, el aumento de los estereotipos (debido al sesgo algorítmico), así como la pérdida de puestos de trabajo e ingresos impulsada por la IA generativa (en particular para los artesanos y artistas indígenas). A continuación, sostiene que la IA puede ser útil para la preservación de las culturas indígenas, mejorar el acceso a la educación y a la asistencia sanitaria, y para apoyar el desarrollo sostenible y las iniciativas emprendedoras – siempre y cuando las comunidades indígenas participen en la toma de decisiones, el desarrollo y la implementación de herramientas y proyectos de IA, en el diseño de directrices éticas para el uso de la IA en las comunidades indígenas, y se pongan a disposición de las comunidades indígenas programas de formación para el uso de la IA. En un artículo posterior, Tupinambá Hãhãhãe (2025) analiza el valor de las herramientas de IA generativa de código abierto y el desarrollo de herramientas a medida para los pueblos indígenas, especialmente para los creativos, explicando cómo él mismo utiliza la IA ‘como una herramienta accesible para dictar textos por voz, corregir y dar formato a los contenidos, además de generar imágenes para ilustrar textos informativos. Esto me permite superar las barreras de la dislexia y potenciar la comunicación indígena con autonomía e innovación’. Este modo ‘ilustrativo’ que facilita la comunicación es una de las tendencias más destacadas en la adopción de la IA generativa por parte de los pueblos indígenas.[2]
En cuanto a las formas en que los artistas indígenas de Abya Yala/América Latina han interactuado con las herramientas de IA (especialmente las generativas), la tendencia sigue, en general, la descrita en el Capítulo 3 en relación con los artistas indígenas del mundo (pos)colonial anglófono, que abarca enfoques revisionistas y especulativos/futuristas. Las primeras obras comenzaron a aparecer en 2022, aprovechando en gran medida la ola de expectación que rodeó los lanzamientos públicos de DALL-E y Midjourney y, como era de esperar en lo que respecta al acceso temprano a estas tecnologías, la iniciativa ha estado liderada por artistas activos en la escena artística internacional que proceden de comunidades indígenas de la región. Entre estos artistas se encuentra la artista de performance Purhépecha-italiana Tiara Roxanne (que actualmente reside en Alemania), quien busca explorar la ‘ética de la IA a través de una lente ciberfeminista de(s)colonial’, tal y como afirma en su página web (‘About’, Roxanne 2025), y cuya obra aborda cuestiones relacionadas con la visión artificial, la vigilancia y el colonialismo de datos (por ejemplo, My Face Is Not A Barcode [Mi cara no es un código de barra] [2022]); y la artista Guaraní multidisciplinar y ‘colaboradora con la IA’ Kira Xonorika (Paraguay; actualmente afincada en EE. UU.), que crea imágenes generadas por IA de paisajes surrealistas con figuras coloridas, a menudo amorfas, que pretenden cuestionar los discursos binarios en torno al género, la sexualidad y la identidad cultural (Murphy 2023). Xonorika también organizó en 2024 en Asunción la residencia artística Future Memory Lab [Laboratorio Memorias Futuras], financiada por el Consejo Suizo de las Artes, que se presentaba como ‘una primicia en Sudamérica’ centrada en la IA y en la exploración de cuestiones como:
¿Cómo pueden las tradiciones analógicas inspirar y enriquecer las prácticas contemporáneas en materia de IA y tecnología generativa? ¿De qué manera puede la IA contribuir a la preservación y revitalización de las prácticas culturales y artísticas tradicionales? ¿Cómo pueden la interseccionalidad y las epistemologías de(s)coloniales dar forma al desarrollo y la aplicación de las tecnologías generativas? ¿Qué papel desempeña la IA a la hora de imaginar futuros alternativos y construir mundos posibles? ¿Cómo pueden las artes generativas y la IA ampliar nuestra comprensión de la autonomía, la agencia y la creatividad? (‘Future Memory Lab’ 2024, ‘Artistic Residency’)
Un último ejemplo, más local, del enfoque especulativo y futurista en el arte de la IA, es la obra de K’ita Wichhu (nombre artístico de Noemi Gonzales Cabrera), una artista mestiza de El Alto (Bolivia) que está reconectándose actualmente con su herencia indígena. K’ita Wichhu ha utilizado herramientas de generación de imágenes basadas en IA para imaginar escenarios futuristas para un ‘ensayo de performance visual’ titulado Post-humanas y sueños cyborg de + seres en los Andes (2023), que posteriormente escenificó y fotografió en colaboración con un grupo de mujeres indígenas del Altiplano. En este ejemplo de lo que ella denomina ‘futurismo andino’, la IA sirve como ‘un puente entre la imaginación y lo realizable’ y como herramienta que le ayuda a ‘soñar un futuro suspendido’ (Cisneros 2025).[3]
Artistas internacionales no indígenas también han intentado recientemente involucrar a comunidades indígenas en proyectos de arte generativo con IA. Por ejemplo, en 2023, el artista multimedia turco Refik Anadol, en colaboración con el Instituto Nixiwaka, visitó dos comunidades Yawanowá en la Amazonía occidental brasileña, que colaboraron con él para crear una serie de obras de arte generadas por IA que combinaban datos medioambientales y dibujos realizados por miembros de la comunidad indígena, los cuales se transformaron posteriormente en una fascinante animación generada por IA que recuerda a los efectos alucinatorios de DeepDream [SueñoProfundo], una de las primeras redes neuronales de IA más populares. Posteriormente, se acuñaron 1.000 imágenes fijas digitales como NFT[4] y se vendieron para recaudar 1,5 millones de dólares, cuyos beneficios se destinaron a las comunidades (Yawanowá y Anadol 2023). Aunque en una entrevista, el cacique Nixiwaka Yawanowá se mostró muy positivo sobre el impacto del proyecto en su comunidad (Scorpios Encounters 2023), para una revisión muy crítica de este proyecto véase R. H. Lossin (2025), quien escribe:
En lugar del adagio ‘si entran basuras, salen basuras’, tan apreciado por los informáticos y los estadísticos, la transformación que la IA realiza de los datos de entrada en objetos visuales es una cuestión de ‘si entra valor, salen basuras’. Si entra una colección de arte, salen basuras; si entra literatura, salen basuras; si entran manzanas, salen basuras; si entra un sujeto humano, salen basuras; si entran formas de vida indígenas, salen basuras. (5)
Y Lossin concluye: ‘Dado el potencial impacto material de estos proyectos, las repetidas promesas de Anadol de generar algún beneficio futuro constituyen enormes evasiones de responsabilidad hacia el presente . . . típicas de una mentalidad tecnopolítica’ (5).
El modo revisionista también se ha revelado como un uso convincente de las herramientas de IA generativa para la representación de comunidades marginadas de la región, intentando así colmar de forma creativa las lagunas de la historia de la cultura visual: retratos que nunca se pintaron, fotografías que nunca se tomaron, precisamente debido a la condición social marginada de los sujetos.[5] En un contexto indígena, el proyecto artístico participativo Exhumar la memoria (2023) del artista mexicano Rogelio Séptimo combina el dibujo, los testimonios y la fotografía analógica con la IA generativa para crear un registro histórico que nunca existió de su comunidad P’urhépecha en la isla de Janitzio, en el lago Pátzucaro (Prada 2025, 3273–74). Además, la cineasta y diseñadora de videojuegos quechua Violeta Ayala (Bolivia, actualmente afincada en Australia) ha producido una serie muy llamativa de fotografías generadas por IA con DALL-E titulada Las Awichas [Las abuelas, en Quechua] (2022), con la intención de inventar de forma lúdica un archivo inexistente de imágenes de mujeres mayores Quechuas y Aymaras.[6] Esta obra se estrenó en la Feria Internacional de Arte Digital de Bolivia, celebrada en mARTadero, Cochabamba, en septiembre de 2022, con toda la señalización en Quechua y español. Desde entonces, se ha convertido en un juego de realidad aumentada en 8th Wall y se presentó como parte de la exposición ‘GLoW: Illuminating Innovation’ [GloW: Innovación iluminadora], organizada por King’s College London a lo largo de The Strand en 2024.[7]
Aunque algunos miembros del equipo del AIAI conocieron la obra de Violeta Ayala durante las primeras fases del proyecto AIAI, puesto que tanto Las Awichas como trabajos de otros proyectos patrocinados por Thea o Thydêwá (ORIGEM y Mujeres invisibles, respectivamente) se presentaron en la Feria Internacional de Arte Digital de Bolivia, y aruma conocía a Violeta personalmente, ya que habían ido juntas al colegio en Cochabamba antes de que esta última emigrara a Australia, los artistas, escritores y demás personas implicadas en el proyecto AIAI desconocían casi de forma unánime otros ejemplos de cómo artistas, indígenas o no, estaban empezando a utilizar estas herramientas. Sin embargo, un auténtico precursor en el campo del retrato con herramientas artísticas de IA, y un antecedente muy directo del proyecto AIAI, fue Sueño profundo (2021), parte del proyecto AIRE para la cocreación virtual entre artistas indígenas y no indígenas organizado por Thydêwá durante el periodo de los prolongados confinamientos por la COVID-19. La animación de dos minutos de duración, editada por aruma en colaboración con la artista y curadora de arte Naine Terena y con música de la cantante Mocoví Shiraigo Lanche, da vida a una serie de selfies tomadas por las artistas participantes (Anna Campagnac, Ângela Berlinde, aruma, Carina Dessana, Sheilla Souza, Shiraigo Lanche, Valeria Scornaienchi y Naine Terena) al procesarlas con el programa DeepDream.[8] La animación fue uno de los resultados más llamativos del proyecto, y resulta fascinante la consonancia entre el ‘soñar’ – tal y como se refiere a este tipo de generación de imágenes basada en el reconocimiento de patrones – y los deseos de los pueblos indígenas de soñar como forma de conectar con el mundo espiritual, así como de imaginar escenarios futuros que incluyan sus culturas. Es precisamente este potencial de las herramientas de IA generativa para colaborar en los procesos de soñar lo que las hace atractivas para su uso en contextos indígenas.
El informe de la UNESCO abarca el periodo hasta 2021, a pesar de haberse publicado en 2023. ↑
Otro proyecto fascinante que queda un poco fuera del alcance del presente estudio es el libro autoeditado de Yakuy Tupinambá, del que es coautora junto con Microsoft Copilot: Entre a terra e o silício: diálogo de Yakuy Tupinambá com a IA (Copilot): memória, tecnologia e resistência em diálogo [Entre la Tierra y el silicio: un diálogo entre Yakuy Tupinambá y la IA (Copilot): memoria, tecnología y resistencia en diálogo] (2025). ↑
Otro artículo sin firmar titulado ‘El futuro es ahora: Inteligencia Artificial y su aplicación en la creación de arte indígena’, publicado en algún momento entre finales de 2024 y mediados de 2025 en la página web de Raíces Indígenas, debe descartarse, ya que es casi seguro que ha sido escrito por ChatGPT y carece de enlaces que respalden sus afirmaciones y ejemplos. ↑
Los NFT (non-fungible tokens) son identificadores digitales únicos que certifican la autenticidad y la propiedad de las obras de arte digitales. ↑
En el contexto latinoamericano, véase también al artista chileno Felipe Rivas San Martín, cuyo libro de fotografía generada por IA, Un archivo inexistente / An Inexistent Archive (Rivas San Martín 2023), en un ejercicio de lo que él denomina ‘retrofuturismo’, muestra retratos de parejas LGBTQIA+ de clase trabajadora en la América Latina de principios del siglo XX; véanse Rivas San Martín (2025) y Prada (2025) para análisis críticos del proyecto. Del mismo modo, la obra de la artista afrobrasileña Mayara Ferrão, Álbum de Desesquecimentos [Álbum del no olvido] (2024), comprende una serie de fotografías de principios del siglo XX generadas por IA que muestran a mujeres afrobrasileñas embarazadas y parejas de lesbianas, tanto como ‘modelo para una imaginería de(s)colonial generada por IA’ como una reivindicación de la ‘vitalidad’ y la ‘alegria negra’ (Pereira 2025). Aunque, según Pereira (2025), Ferrão indica que su intención era revisar la forma en que las ‘mujeres negras e indígenas’ habían sido representadas históricamente, el sentido de la representación indígena o incluso afrodindígena en las imágenes del álbum que circulan por Internet no resulta visualmente evidente; véanse también Ferrão y Sousa (2025) y Orlandi (2025, 87). Por último, el proyecto de Instagram IAbuelas del publicista argentino Santiago Barros utiliza IA generativa para crear imágenes de cómo serían hoy en día las personas que desaparecieron cuando eran niños durante la dictadura militar argentina de los años setenta y ochenta (Barros 2023; Vallejo 2023). Jacobo Bañuelos Capistrán y Rubria Rocha de Luna (2026, de próxima publicación) también abordan lo que denominan ‘postmemoria algorítmica’ como una tendencia destacada en su análisis general de la forma en que los artistas latinoamericanos (incluidos algunos de los mencionados anteriormente) están utilizando las herramientas de IA generativa. ↑
Ahora disponible simplemente como una galería de imágenes en línea (Todas las Awichas, Ayala 2024b). ↑
La animación en sí puede verse en 8th Wall (Las Awichas, Ayala 2024a). ↑
Para ver la animación, véase aruma, Terena y Lanche (2021). ↑